lunes, 1 de diciembre de 2014

Noches de invierno.

I:

Me habría gustado volver a estar a tu lado.

Al menos una noche más.

Un par de suspiros y un buen puñado de risas.

Como las que me brotaban directas del alma cada vez que hacíamos batalla de cosquillas.

Y a ver quién se reía más.

¿Te acuerdas?

Pedir el alto el fuego mientras las brasas seguían reluciendo en tus ojos.

Joder, cómo me quisiste.

Más que nadie y mejor que ninguno.

Y no sabes lo que te puedo llegar a echar de menos.

Las solitarias noches de invierno en las que dejo a  mi mente recordar(te).

Y de pronto vuelve a ser primavera.

La luna vuelve a brillar y te veo, a la luz de las farolas, guiándome con tus pasos seguros de niño pequeño que no le tiene miedo a nada.

Porque aún no ha sufrido lo suficiente.

Lo suficiente como para saber los peligros que acechan tras cada sombra.

Las dudas que asaltan a medianoche, cuando te cansas de no poder dormir y empiezas a diseccionar lentamente los miedos que se almacenan debajo de tu almohada.

Como esperando a que les mires. No se van. Como esperando a que te enfrentes a ellos.

Pero tú... con tu sonrisa traviesa, tu mirada indiscreta y tus ganas de comerte el mundo.

Conseguiste alejarlos.

Y eso es lo más grande que nadie ha hecho por mí.

Te echo de menos, claro que te echo de menos.

Lo hice desde el primer minuto en que sentencié nuestra despedida entre lágrimas amargas de culpa y tormento.

Pero ahora sé que, por mucho que te extrañe y rece por volver a tenerte a mi lado, tu lugar no estaba junto a mí.

Porque mereces algo mejor.

Mereces ser feliz.


Y me temo, cariño, que eso es lo único que no puedo darte. 

II:

Y mientras, tú sufriendo. Y mientras, yo llorando.

Salimos los dos heridos, de esos de gravedad.

Cuando yo sólo quería ayudarte a reconstruir tu maltrecha sonrisa, a curar tus heridas... Y tuve que tomar la decisión más difícil de mi vida: dejarte marchar.

Tratar de ignorar el daño que te había hecho. Porque era la única manera de que consiguieras recuperarte.

Perderte.

Irónico, ¿no?

Me arrepiento de tantas cosas... De todo lo que te dije, y lo que no. De todo lo que vivimos, y lo que nos quedó. Pendiente.

De lo único que no me arrepiento es del tiempo que vivimos juntos.

Porque tú eras mi farol, ese que me guiaba cuando mi brújula se empeñaba en indicar todo menos el norte.

Cuando más perdida estaba, viniste a rescatarme.

De una muerte segura. Predecible. Anunciada.

De mi particular suicidio emocional.

Me sorprendió que consiguieras que mi corazón volviese a latir.

Y aún así, sé que fue lo mejor. Para ti. Para mí.

Para ambos.

Te echo de menos, y cada noche más.

Pero sigo tratando de recordarme que la respuesta a mis lágrimas no está en los lunares que cubren tu piel.

Ni en tu mirada perdida.

Ni en tu sonrisa infinita dibujando una utopía en una noche de primavera.

III:

Gracias por ser la única persona en este mundo que se atrevió a quererme.

A hacerme sonreír hasta cuando sólo quería cerrar los ojos y nunca más volver a abrirlos.

Por nuestras batallas de cosquillas a cualquier hora, nuestras películas inacabadas, nuestros besos de despedida que alargábamos hasta el infinito, por nuestras tardes al sol en la escalera de mi facultad.

Por ti.

Porque te mereces lo mejor que pueda pasarte en esta vida.

No te preocupes por mí, yo me conformo con lo que llegue.

PD: Eh canijo, sonríe. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Despedidas de media noche

Podría escribir hojas enteras con tu nombre, y aún así el folio seguiría en blanco.
Podría llenar noches con tus abrazos, y seguiría arropándome con esta maldita sensación de soledad existencial.
Podría volver a acostumbrarme a escuchar tus te quiero, o escucharlos por primera vez... pero el silencio seguiría reinando.

No hace falta que te molestes en venir, que descoloques tu mundo por una sonrisa furtiva y un par de ojos negros demasiado atrevidos para mirarte. No te esfuerces por mis palabras a medio gas o mis abrazos desgastados de tan poco usarlos.

No vengas, ni lo intentes, porque yo ya me cansé de esperarte. Para siempre. O eso se dice, ¿no?

martes, 23 de septiembre de 2014

De cómo tanto tragar miserias hizo que vomitara sentimientos.

A veces la vida es magia. Y otras veces se convierte en un show entre bambalinas, como un circo barato o una actuación callejera de dos yonkis pidiendo para comer. Porque la magia se esfuma, y tal como vino, se va. Como el humo de ese cigarrillo eternamente encendido, en suspenso esperando una mano que le agarre con fuerza y unos labios que le besen hasta encenderle el alma. Como el café frío encima de la mesa, esperando por alguien que nunca le hará suyo. A veces la magia se esfuma y no hay forma de recuperarla. Por mucho que gritemos al viento o lloremos esperando un milagro. Se va y tan sólo deja a su paso oscuridad, lágrimas y sangre. Olor a herrumbre y un pequeño destello dorado como recordatorio de que una vez pasó por aquí.

Se va como los recuerdos que tuvimos algún día, o nunca jamás. Como esa sensación de ser invencibles un domingo de madrugada, embriagados de melancolía y sonrisas tristes lanzadas al aire. O a la pared. O directamente a la basura. Se va igual que lo hace el color de una fotografía. Y las sonrisas que lucen en ella. Parecen ajadas, lejanas, pertenecientes a otro mundo y a otra época.


Pero cuando la magia vuelve... Todo se torna en color dorado, en tu banda sonora favorita sonando en tu cabeza y en una sonrisa revoltosa aleteando en las comisuras de tus labios. Todo se vuelve olor café y hierba mojada. Mariposas en el estómago y la cabeza a miles de kilómetros del suelo. Todo se vuelve tan perfecto que el miedo a que desaparezca de nuevo puede sobre todas las cosas, aunque nada puede empañar ese fugaz instante de magia. Porque la magia de esta vida está dentro de ti, y siempre puedes llamarla para que vuelva. O prueba con una sonrisa, con un abrazo cálido, atráela hacia a ti como a un perro abandonado y asustado. Y una vez entre en ti, no te olvides de mimarla, de decirle que nunca, nunca jamás, dejarás que se marche sin avisar otra vez. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

11 meses.

Una vez te prometí un para siempre.

Es la única promesa que cumpliré en esta vida.

Y aún así...

sábado, 16 de agosto de 2014

Desvelos de mirar adentro.

Silencio. Oscuridad. Una luz artificial brillando por encima de mí. Pero no consigue iluminar los oscuros rincones que habitan en mi interior.
Esas ruinas olvidadas. Escondidas. Aquellas a las que visito de hurtadillas, por si acaso alguien me sigue y las descubre.

Por si acaso alguien descubre lo que ocultan, lo que oculto. Con el celo con el que una madre protege a sus hijos, con la fiereza con que una leona defendería su vida. Porque las ruinas son privadas. Y el dolor también. Y la oscuridad. Aquella que no ilumina nada, que lleva tantos años escondida, mirando el mundo con la desconfianza de quien guarda tempestades bajo un mar en calma.

Oh, tempestades, hacía mucho que no os visitaba.

-.

Te escribo esta carta para decirte que desecho todo deseo de encontrarte, todo deseo de encontrarme.
Has pasado a ser un ente, un ser que no puedo ver, oír ni tocar. Ni sentir. Ni llorar.
Ay corazón mío, ¿en qué momento te marchaste? ¿En qué momento decidiste abandonar la cueva a la que llamabas hogar? Aquella a la que nunca llegaba la luz, sumida en la oscuridad y la desesperación llamada soledad.
Cambiaste tu esencia por piedra, tu latir por un silencio mortal. Tu presencia por ausencia. Tus sentimientos por indiferencia.

Incluso cambiaste tu sangre por hiel.
Por dolor.
Por vacío.
Por nunca más.

Y aún así, creo que con el cambio salí ganando.


jueves, 26 de junio de 2014

Y en los peores días...

Me acuerdo de ti. Cuando me acuerdo de cómo podías cambiar mi día con tan sólo verte sonreír... Te quise, joder que si te quise, más que a nadie.

Y una vez me rompiste en pedazos, me fue imposible recomponerme de nuevo. ¿A quién quiero engañar? No te habré olvidado tanto si sigo arrepintiéndome de todo lo que hice, y más aún de lo que no hice. De lo que dije, y de las frases que quedaron mudas en mis labios.

Aún recuerdo cómo me abrazabas, me sonreías y tratabas de alegrar aquella carita triste que veías tantas noches. O aquellas madrugadas perdida por los bares sólo por tratar de encontrarme, y tras cada canción, cada sombra, estabas tú.

Fuiste mi peor pesadilla y a la vez la mejor que he vivido. Me destruiste, me tiraste al suelo sin aliento con el que poderme levantar... y aún así me enseñaste a ser feliz, me recordaste que estaba viva. Pero todo eso se fue hace mucho tiempo, y yo sigo aquí, alimentándome de recuerdos.

¿Te acuerdas de aquella noche en la que tuve que irme de un bar llorando... por tu culpa? ¿Te acuerdas que tú saliste corriendo detrás de mí? ¿Te acuerdas de todo lo que pasamos? ¿De las discusiones? ¿De las risas y las miradas cómplices? Yo sí. Y te prometo, pase lo que pase, que no lo olvidaré.

Dicen que el primer amor nunca se olvida. La primera vez que rompen tan profundamente tus esquemas y consiguen que seas feliz en esas ruinas, tampoco. Maldita locura.


lunes, 16 de junio de 2014

Resurrection.

¿Sabes esas veces que estás tan hundido que lo único que  puede levantarte el ánimo es la música? ¿Y que siempre recurres al mismo grupo porque has aprendido a identificarte con sus letras, con sus sentimientos?

Eso es lo que siento yo cuando escucho Linkin Park. He perdido la cuenta de los años que hace que les sigo, para mí eso significa toda la vida, simplemente no recuerdo ningún periodo de mi vida en el que no estuvieran. Cuando peor estaba, me hacían sonreír. Cuando creía haber perdido las fuerzas, me animaban a luchar. Cuando estaba contenta, lo celebraban junto a mí. Cuando no sabía ni cómo estaba, activaban esa válvula de escape para reanimarme.

En mi opinión no hay mejor terapia que la música, y para mí, no hay mejor terapia que Linkin Park. La voz de Chester es como esa pastillita mágica que hace que todo cobre sentido, la música es la encargada de volver a hacer latir mi corazón, de resucitarme de las cenizas. Incluso la voz de Mike es pura energía para mi mente.

No creo que mucha gente entienda lo que yo vivo con este grupo, porque es algo complicado. Es como cuando confías tu vida a alguien, con la única diferencia de que yo confío mi vida a su música, y estoy segura al 120% que nunca NUNCA me va a fallar.

Así que, mañana cuanto salga del examen lo primero que haré será irme a comprar el nuevo disco. Sí. Me da igual que se haya filtrado ya, estoy haciendo todo lo posible por no escucharlo aún, por preservar la magia del momento.

Porque supongo que sí, Linkin Park para mí es MAGIA.

jueves, 1 de mayo de 2014

Eres tú la persona que más te quiere.

Primero de Mayo, 2:25.

¿Sabes? Hoy por fin me he vuelto a sentir feliz. Me he puesto una de mis canciones favoritas, y me ha costado demasiado reprimir el ponerme a cantarla a gritos. ¿Pero sabes lo que no he reprimido? La sonrisa, de oreja a oreja. Irradiando calor, luz y felicidad.

La luz ha vuelto a entrar por la ventana como solía hacer en los buenos tiempos, he vuelto a poner una sonrisa en mi cara y sigo caminando. ¿Sola? Sí, pero no me siento sola. Ni mucho menos.

Ahora es más que nunca cuando me he demostrado a mí misma que puedo con todo, que para ser feliz no necesito más compañía que la mía propia. Y me siento bien. Lobo solitario, pero aullándole a la luna para que sonría y no para que llore. Para que sonría conmigo, y no para que acompañe mis lágrimas.

Hacía tanto tiempo que no me sentía tan libre, tan feliz y tan agusto conmigo  misma, que ya no me importa ni que la inspiración no me visite. Es algo de lo que hasta me alegro. La inspiración sólo me acompaña cuando estoy triste, cuando me encuentro mal y abatida. Así que, inspiración, no hace falta que vuelvas, estoy bien así.

Porque hoy soy feliz, y punto.

viernes, 18 de abril de 2014

1904.

Anoche volviste a aparecer en mis sueños. Como la señal que precedía a este 19. Como una pesadilla.

Volviste a abrazarme. Me besaste y te fuiste. Huyendo de algo, del pasado, del futuro... no lo sé.

¿Y sabes qué? Que me da exactamente igual. Porque ya hace un año, porque las heridas ya están más que curadas, porque queda más que claro que fuimos, pero nunca jamás seremos... Y porque los sueños, sueños son.

lunes, 31 de marzo de 2014

Get out alive.

Hay ocasiones en que la vida te da tantas hostias, y tan seguidas, que por mucho que quieras no puedes ya ni reaccionar... En lo que va de año me he enfrentado a la pérdida de seres queridos, a las escapadas por los pelos de la muerte de otros tantos, me he enfrentado a la transición a la locura de gente a la que amo más que a mi vida... Y sinceramente, creo que ya no me quedan fuerzas. 

Me he quedado insensible. Inutilizada. Rota por dentro, mirando los cachitos de esa cosa que algunos llaman corazón rotos por el suelo, pero sin hacer siquiera un simple amago por recogerlos. ¿Para qué? Si en un par de semanas volverán a romperse y el esfuerzo habrá sido en vano. Que me tachen de cobarde si quieren, pero si no me rodeo del frío manto de la insensibilidad, del centrarme en aquello que me gusta y no en las desgracias que me rodean, si no me centro en proteger el fino hilo que me ata a la cordura en estos instantes... ¿quién lo hará? 

2014, me estás poniendo a prueba, pero te puedo asegurar que yo soy más fuerte que el destino. Y saldré con la cabeza bien alta, celebrando cuando te acabes por todo lo alto. Porque yo soy más fuerte que una serie de catastróficas desdichas, y que un maldito número que únicamente debiera marcar el paso del tiempo, y no de la vida. 

domingo, 23 de marzo de 2014

Riazor.

¿Qué ha sido de ti? ¿De aquella canción? ¿De las horas muertas en tu habitación?
¿Quién dijo que no perdería el control cuando iba camino de la destrucción?
Hoy vuelve a soplar ese viento del mar, que nubla la mente y la vista. Prefiero saltar de una vez, sin mirar, y quiero que tú me sigas.

Siempre fumando como una posesa, buscando vida en otros planetas. Obsesionada con ir más allá, por alcanzar la emoción perfecta.


miércoles, 29 de enero de 2014

Cuestión de tiempo.

Hacía tanto tiempo que no me permitía a mí misma ser feliz con mi única sombra como compañía, que casi había olvidado esa sensación. Por eso, al perderme por las calles de esta ciudad, sentí como la vida fluía a mi alrededor. Como un torrente de agua, incontrolable, salvaje, arrastrando todo a su paso. Sentí como la felicidad me invadía, como me desprendía de aquellos lastres emocionales que no me dejaban avanzar... el torrente los arrastró junto a su paso.

El torrente arrastró los meses de lágrimas, de promesas rotas, de sonrisas con los minutos contados, de felicidad por capítulos y tristeza por años. El torrente me limpió como una tormenta de verano. Curó las heridas más profundas, cicatrizó las que quedaban a medias, e hizo brotar en mi cara una sonrisa irrepimible, como el sol en verano, inevitable.

Fue entonces cuando me dí cuenta de lo estúpida que había sido todo este tiempo. De que no dependo de nadie para ser feliz. De que amarme a mí misma es la única manera de alcanzar la felicidad. De que las personas son eso, personas, y como tales fallan, mienten y hacen daño a aquellos a quienes dicen querer. Pero ahora... ahora la única persona que puede acabar conmigo, soy yo.

Y... ¿sabes de dónde brotó ese torrente? De mi interior. Únicamente de mí.

miércoles, 8 de enero de 2014

Lost in the jungle.

Creo que me he perdido. O que algo dentro de mí se ha perdido. O que algo no funciona. O que algo se ha marchado de mi vida.

Quizá sea la ilusión, las ganas de seguir adelante dando lo que queda de mí. Quizá sean las ganas de reír, que últimamente se han convertido en lágrimas a cualquier hora.

Quizá es que esta situación me supera completamente. Quizá es que esta herida se suma a otras tantas que no sé curar.

TE QUIERO ABUELO.