martes, 23 de abril de 2013

Gracias.

Hace mucho que no me sentía con tantas ganas de escribir... supongo que la inspiración es caprichosa, que cuando se es razonablemente feliz no necesitas de un escape para tus inquietudes.

Pero el papel me llamaba, otra vez, como siempre. Al fin y al cabo siempre quedamos él y yo. Por muy malos tiempos que corran, siempre esta ahí para acogerme, para escucharme y recordarme que ningún mal es tan grande como lo pintan.

Hace mucho que no recordaba estar tan bien, conmigo misma y con los demás. Hace tiempo que no escribía para mí. Pero ahora tengo una cosa por segura, por muy mal que vaya todo, por mucho que las negras nubes consigan tapar el sol, siempre vendrán tiempos mejores. Tras la tormenta siempre escampa. Y para mí está escampando. Las cosas van cada vez mejor y, aunque se me hace extraño decirlo, soy lo más próximo a la felicidad que he sido en mucho tiempo.

Y todo gracias a mi enano, a esas personas que están ahí pase lo que pase, para evitar mis caídas y no simplemente para tratar de levantarme. Me falta vida para daros las gracias a todos. Pero desde aquí os lo digo: gracias por hacer esta vida algo que vale la pena vivir. Vosotros sois mi luz, mi sol, mi rayito de luz que cuanto me descuido brilla con tanta fuerza que es capaz de cegarme.

Vosotros habéis sido mi salvavidas, y ahora sois mi esperanza.

sábado, 20 de abril de 2013

STOP.

He llegado a ese punto en el que, te rodeas de tantos compromisos, que no tienes ni cinco minutos para ti misma. Piensas en lo mucho que te apetece ir a dar un paseo, o en las ganas que tienes de tirarte en el sofá a ver una peli cualquiera y dormirte viéndola. Necesitas tranquilidad, tiempo para ti. Y la gente no te lo da.

Cuanto más cosas accedes a llevar a cabo, más se aprovechan de la situación. Y ahora esto, y ahora lo otro. Y la cosa es exigir y exigir y exigir.. y cuando algo se tuerce, la cosa se torna en quejarse y quejarse y quejarse...

No sé cómo hacer ya, porque he colapsado. Sólo diré que menos mal que le tengo a mi lado, que con una simple sonrisa o un simple mensaje consigue abstraerme de este mundo y llevarme al suyo, ese mundo en el que sólo existimos los dos, los abrazos, los besos, las miradas cómplices, las cosquillas... la felicidad. La calma. Justo lo que estaba buscando.

domingo, 7 de abril de 2013

¿Optimismo?

Quería escribir algo optimista hoy, cambiar el registro, decir que estoy bien y que mi estado se aproxima a la felicidad. Pero, ¿para qué vamos a engañarnos? No lo estoy, no soy feliz.

No soy feliz porque siento que me falta algo, un vacío en mi pecho donde se supone que debería estar mi corazón... o el tuyo. No me siento con fuerzas para amar a nada ni a nadie, y aun así, cada vez que alguien hace algo que me obliga a quererle un poco más, me duele.

¿Puede llegar a doler el querer a tu gente? A mi sí, es como una punzada en pleno pecho, como el dolor de un hierro al rojo vivo marcando el territorio de los demás en mi corazón. Duele. Pero no puedo evitar quererles, si no, ¿de qué serviría toda esta pantomima llamada vida?

Querer es mi razón de ser, y mi sinvivir. Suena irónico, y lo es, pero por el momento la que sufre soy yo, y no tiene pinta que todo esto vaya a cambiar, al menos por ahora.

sábado, 6 de abril de 2013

De los dos tu siempre fuiste el más veloz.

Hoy es una de esas noches extrañas. Noches en las que te cuestionas tu existencia, en las que no sabes qué necesitas... salvo escribir.

Siento las lágrimas golpeando bajo mis párpados, ansiosas por salir, y mi cerebro tratando de reprimirlas, tratando de mostrarme fuerte una vez más... ¿para qué? ¿A quién quiero engañar? No puedo más. Mi cabeza lucha por seguir a flote y mi cuerpo solo quiere hundirse... hundirse en el fango una vez más, quedarme en él si es posible.

Pero sé que no debo, sé que no puedo volver a ser un fantasma, a no sentir, a no desear nada ni amar nada..  No sé si esta vez me salvará la música como ha hecho tantas veces (ah, la música, quizás el arte más valioso que haya creado nunca el ser humano), sólo sé que de por mi no quiero salvarme.

Era una muerte anunciada. Y puede que lo siga siendo. Tan sólo espero por ver quién gana la batalla, si la cabeza o el corazón... si mis lágrimas o mis párpados. Yo de momento me siento a esperar que todo se solucione, como siempre, menospreciándome en mi interior por el poco interés que tengo en mi misa, pero sabiendo, y siendo consciente, que tampoco puedo hacer mucho más.

Cuando una persona está tan rota por dentro que no hay forma de reconstruir los pedazos, ¿para qué empezar una batalla que está perdida antes de empezar? No hay razones... y si están, están ocultas.

viernes, 5 de abril de 2013

Nada. Nada en absoluto.

Y ahora es cuando me pregunto, ¿cómo he podido vivir sin ti?

Supongo que igual que he podido vivir sin mí, sin esperanzas y sin nada por lo que luchar. Fíjate que ironía, ahora vivo por ti, pero tampoco tengo nada por lo que luchar.