Silencio. Oscuridad. Una luz artificial brillando por encima de mí. Pero no consigue iluminar los oscuros rincones que habitan en mi interior.
Esas ruinas olvidadas. Escondidas. Aquellas a las que visito de hurtadillas, por si acaso alguien me sigue y las descubre.
Por si acaso alguien descubre lo que ocultan, lo que oculto. Con el celo con el que una madre protege a sus hijos, con la fiereza con que una leona defendería su vida. Porque las ruinas son privadas. Y el dolor también. Y la oscuridad. Aquella que no ilumina nada, que lleva tantos años escondida, mirando el mundo con la desconfianza de quien guarda tempestades bajo un mar en calma.
Oh, tempestades, hacía mucho que no os visitaba.
sábado, 16 de agosto de 2014
-.
Te escribo esta carta para decirte que desecho todo deseo de encontrarte, todo deseo de encontrarme.
Has pasado a ser un ente, un ser que no puedo ver, oír ni tocar. Ni sentir. Ni llorar.
Ay corazón mío, ¿en qué momento te marchaste? ¿En qué momento decidiste abandonar la cueva a la que llamabas hogar? Aquella a la que nunca llegaba la luz, sumida en la oscuridad y la desesperación llamada soledad.
Cambiaste tu esencia por piedra, tu latir por un silencio mortal. Tu presencia por ausencia. Tus sentimientos por indiferencia.
Incluso cambiaste tu sangre por hiel.
Por dolor.
Por vacío.
Por nunca más.
Y aún así, creo que con el cambio salí ganando.
Has pasado a ser un ente, un ser que no puedo ver, oír ni tocar. Ni sentir. Ni llorar.
Ay corazón mío, ¿en qué momento te marchaste? ¿En qué momento decidiste abandonar la cueva a la que llamabas hogar? Aquella a la que nunca llegaba la luz, sumida en la oscuridad y la desesperación llamada soledad.
Cambiaste tu esencia por piedra, tu latir por un silencio mortal. Tu presencia por ausencia. Tus sentimientos por indiferencia.
Incluso cambiaste tu sangre por hiel.
Por dolor.
Por vacío.
Por nunca más.
Y aún así, creo que con el cambio salí ganando.
Etiquetas:
Confesiones en mi diario,
Desahogos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)