martes, 23 de septiembre de 2014

De cómo tanto tragar miserias hizo que vomitara sentimientos.

A veces la vida es magia. Y otras veces se convierte en un show entre bambalinas, como un circo barato o una actuación callejera de dos yonkis pidiendo para comer. Porque la magia se esfuma, y tal como vino, se va. Como el humo de ese cigarrillo eternamente encendido, en suspenso esperando una mano que le agarre con fuerza y unos labios que le besen hasta encenderle el alma. Como el café frío encima de la mesa, esperando por alguien que nunca le hará suyo. A veces la magia se esfuma y no hay forma de recuperarla. Por mucho que gritemos al viento o lloremos esperando un milagro. Se va y tan sólo deja a su paso oscuridad, lágrimas y sangre. Olor a herrumbre y un pequeño destello dorado como recordatorio de que una vez pasó por aquí.

Se va como los recuerdos que tuvimos algún día, o nunca jamás. Como esa sensación de ser invencibles un domingo de madrugada, embriagados de melancolía y sonrisas tristes lanzadas al aire. O a la pared. O directamente a la basura. Se va igual que lo hace el color de una fotografía. Y las sonrisas que lucen en ella. Parecen ajadas, lejanas, pertenecientes a otro mundo y a otra época.


Pero cuando la magia vuelve... Todo se torna en color dorado, en tu banda sonora favorita sonando en tu cabeza y en una sonrisa revoltosa aleteando en las comisuras de tus labios. Todo se vuelve olor café y hierba mojada. Mariposas en el estómago y la cabeza a miles de kilómetros del suelo. Todo se vuelve tan perfecto que el miedo a que desaparezca de nuevo puede sobre todas las cosas, aunque nada puede empañar ese fugaz instante de magia. Porque la magia de esta vida está dentro de ti, y siempre puedes llamarla para que vuelva. O prueba con una sonrisa, con un abrazo cálido, atráela hacia a ti como a un perro abandonado y asustado. Y una vez entre en ti, no te olvides de mimarla, de decirle que nunca, nunca jamás, dejarás que se marche sin avisar otra vez. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

11 meses.

Una vez te prometí un para siempre.

Es la única promesa que cumpliré en esta vida.

Y aún así...