Nuestro tiempo se agota,
como una rosa que tras su corta vida marchita.
Pero no todo decae,
disfrutemos mientras podamos del resplandor joven,
al que sólo el sol puede compararse;
de la grandeza gloriosa de las antiguas desaparecidas naciones;
de la belleza perfumada,
de la que sólo pueden presumir las flores.
Y cuando todo esto pase,
disfrutemos de la vejez sabia que nos hará entender,
que los años no se convierten en crueles grilletes,
sino en nuestros esperados libertadores.