Podría escribir hojas enteras con tu nombre, y aún así el folio seguiría en blanco.
Podría llenar noches con tus abrazos, y seguiría arropándome con esta maldita sensación de soledad existencial.
Podría volver a acostumbrarme a escuchar tus te quiero, o escucharlos por primera vez... pero el silencio seguiría reinando.
No hace falta que te molestes en venir, que descoloques tu mundo por una sonrisa furtiva y un par de ojos negros demasiado atrevidos para mirarte. No te esfuerces por mis palabras a medio gas o mis abrazos desgastados de tan poco usarlos.
No vengas, ni lo intentes, porque yo ya me cansé de esperarte. Para siempre. O eso se dice, ¿no?
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