lunes, 31 de marzo de 2014

Get out alive.

Hay ocasiones en que la vida te da tantas hostias, y tan seguidas, que por mucho que quieras no puedes ya ni reaccionar... En lo que va de año me he enfrentado a la pérdida de seres queridos, a las escapadas por los pelos de la muerte de otros tantos, me he enfrentado a la transición a la locura de gente a la que amo más que a mi vida... Y sinceramente, creo que ya no me quedan fuerzas. 

Me he quedado insensible. Inutilizada. Rota por dentro, mirando los cachitos de esa cosa que algunos llaman corazón rotos por el suelo, pero sin hacer siquiera un simple amago por recogerlos. ¿Para qué? Si en un par de semanas volverán a romperse y el esfuerzo habrá sido en vano. Que me tachen de cobarde si quieren, pero si no me rodeo del frío manto de la insensibilidad, del centrarme en aquello que me gusta y no en las desgracias que me rodean, si no me centro en proteger el fino hilo que me ata a la cordura en estos instantes... ¿quién lo hará? 

2014, me estás poniendo a prueba, pero te puedo asegurar que yo soy más fuerte que el destino. Y saldré con la cabeza bien alta, celebrando cuando te acabes por todo lo alto. Porque yo soy más fuerte que una serie de catastróficas desdichas, y que un maldito número que únicamente debiera marcar el paso del tiempo, y no de la vida. 

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