He decidido no contar el tiempo que tardo en escribir, borrar y reescribir esto porque hoy si que vengo mal. Vengo mal del alcohol ingerido, de las risas echadas y de las canciones cantadas a pleno pulmón.
Pero también vengo mal porque leer El Informer me ha hecho pensar una cosa: ¿qué pasaría si nunca, y cuando digo nunca quiero decir NUNCA, nos atreviésemos a decir lo que pensamos o queremos? En serio, ¿qué pasaría?
Sinceramente no quiero ni pensarlo. Vale que me costó mucho echarle huevos y soltar todo lo que sentía, que lo intenté a la cara y en ese momento lo hubiese dicho. Pero sólo pensar en que en estos momentos podría seguir mirándole, dudando de si sabría de mi existencia... me pone los pelos de punta. Nunca sabré que habría pasado si hubiese seguido hablando anónimamente con él, o si no me hubiera declarado, pero no me arrepiento de nada. Y no me arrepiento porque, pese a las vueltas que le estoy dando ahora, en ese momento era lo que quería hacer y lo hice.
Y SI POR SEGUIR A MI CORAZÓN SOY UNA DELINCUENTE, QUE ME DETENGAN, PERO YO TENGO LA CONCIENCIA TRANQUILA.