sábado, 27 de julio de 2013

Desconexión

¿Cuántos golpes más necesito para despertar? ¿Cuantos moratones más caben en mi cuerpo?

Necesito una tregua. Necesito aire fresco, respirar y dejar que todo pase. Que todo resbale. Hasta que nada importe. Hasta que ya nada duela.

Si hay algo que odie, es el dolor. Las lágrimas. Sufrir. Pero, ¿sabes qué es lo que más odio aún? Que ni siquiera te des cuenta. Estoy muriendo aquí, desangrando mi corazón a base de lágrimas, vaciando todo lo que llevo dentro. Y tú no te das cuenta. Nunca te das cuenta.

Y eso duele. Vaya si duele.

jueves, 18 de julio de 2013

Eres una droga.

Que tu vida dependa de una única persona, eso sí que duele. Duele porque dejas de valorarte, para darle más valor a esa persona, duele porque te da igual lo que te pase a ti, si la otra persona está bien. Duele porque ves cómo poco a poco tu vida deja de tener importancia, para depender de la vida de esa otra persona.

Duele el no poder resguardarme en tu calor, aún cuando el frío se empeña en llamar a mi ventana.

sábado, 13 de julio de 2013

Ya estamos otra vez.

Y siento cómo mi corazón palpita, cada vez más fuerte, latiendo con cada aliento como si quisiera escaparse de mi pecho.

Y noto cómo mi cerebro lo empuja, cada vez más adentro, casi atravesando mi cuerpo para encogerlo y hacerlo pequeño.

Y sé que yo estoy en el medio, vigilando la batalla, sufriendo a cada golpe, llorando cada vez que uno de los dos gana.

Y ya estamos otra vez, como siempre, se libra una batalla en mi interior y yo tan sólo soy capaz de quedarme quieta, sentada, llorando en silencio a contemplarla.

viernes, 12 de julio de 2013

Y hablando de barreras.

Y aquí estamos, los dos, de nuevo. Tratando de vencer  las barreras que interpusimos entre nosotros. Y sin saber que esas barreras cayeron hace mucho. Aquellos muros que construimos y con lo que juramos protegernos del otro ya no sirven para nada.

Hemos entrado en una zona peligrosa. Pero mientras sigamos negándolo todo irá bien. Mientras siga negándomelo, todo irá bien.

martes, 9 de julio de 2013

La de la mala suerte.

Llegaste. Me ilusionaste. Rompiste todos mis esquemas. Me alentaste a hacer cosas que no creía ser capaz de hacer. Y ahora desapareces.

Ahora estás tan distante que cada palabra duele. Y más aún los silencios. Cada mirada, cada historia, cada lágrima, duele aún más que la anterior.

¿Y si te marchas definitivamente? ¿Qué pasaría?