Quería escribir algo optimista hoy, cambiar el registro, decir que estoy bien y que mi estado se aproxima a la felicidad. Pero, ¿para qué vamos a engañarnos? No lo estoy, no soy feliz.
No soy feliz porque siento que me falta algo, un vacío en mi pecho donde se supone que debería estar mi corazón... o el tuyo. No me siento con fuerzas para amar a nada ni a nadie, y aun así, cada vez que alguien hace algo que me obliga a quererle un poco más, me duele.
¿Puede llegar a doler el querer a tu gente? A mi sí, es como una punzada en pleno pecho, como el dolor de un hierro al rojo vivo marcando el territorio de los demás en mi corazón. Duele. Pero no puedo evitar quererles, si no, ¿de qué serviría toda esta pantomima llamada vida?
Querer es mi razón de ser, y mi sinvivir. Suena irónico, y lo es, pero por el momento la que sufre soy yo, y no tiene pinta que todo esto vaya a cambiar, al menos por ahora.
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