Hoy es una de esas noches extrañas. Noches en las que te cuestionas tu existencia, en las que no sabes qué necesitas... salvo escribir.
Siento las lágrimas golpeando bajo mis párpados, ansiosas por salir, y mi cerebro tratando de reprimirlas, tratando de mostrarme fuerte una vez más... ¿para qué? ¿A quién quiero engañar? No puedo más. Mi cabeza lucha por seguir a flote y mi cuerpo solo quiere hundirse... hundirse en el fango una vez más, quedarme en él si es posible.
Pero sé que no debo, sé que no puedo volver a ser un fantasma, a no sentir, a no desear nada ni amar nada.. No sé si esta vez me salvará la música como ha hecho tantas veces (ah, la música, quizás el arte más valioso que haya creado nunca el ser humano), sólo sé que de por mi no quiero salvarme.
Era una muerte anunciada. Y puede que lo siga siendo. Tan sólo espero por ver quién gana la batalla, si la cabeza o el corazón... si mis lágrimas o mis párpados. Yo de momento me siento a esperar que todo se solucione, como siempre, menospreciándome en mi interior por el poco interés que tengo en mi misa, pero sabiendo, y siendo consciente, que tampoco puedo hacer mucho más.
Cuando una persona está tan rota por dentro que no hay forma de reconstruir los pedazos, ¿para qué empezar una batalla que está perdida antes de empezar? No hay razones... y si están, están ocultas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Encontraste el camino entre el aroma?