Ya no planeo tu vida conmigo, vivo mi vida sin ti.
Si yo era
una niña... ¿qué iba a saber yo del amor? ¿Qué iba a saber de pulsaciones
aceleradas, de deseos, de castillos en el aire, de besos bajo las estrellas?
¿Qué iba a saber yo de medias naranjas, de agotadoras esperas, de noches
efímeras? No sabía nada. Claro que no.
Pero ahora,
ahora que pusiste hasta la última gota de tu sangre en conseguirlo, ahora no sé
qué es el amor, pero ya sé qué es el desamor. Ahora sé que la persona a la que
amas puede hacerte daño, más daño del
que nunca te atreverías a imaginar. Daño de ése que sólo pensarlo te hace
estremecer. Esa persona que acalló a tu corazón y quemó los naipes con los que
construiste castillos, tan bellos que harían llorar a las estrellas, esas que
también te empeñaste en apagar. Esa persona que te exprimió hasta hacerte creer
que las medias naranjas no eran más que invenciones, cuentos para ilusos, que
volvió del revés tu tiempo y tu espacio, y se marchó dejando la ecuación sin
resolver.
Ahora...
ahora sé que soy libre, que te veo y lo único que queda de los sentimientos que
un día te pertenecieron, es un dolor sordo, como un peso en el alma y en la
conciencia, gritándome a mí misma lo estúpida que fui al creerte. Ahora sé que
no necesito ninguna mitad, que soy una naranja entera, y como tal voy a ser
feliz, empezando por perseguir algo más que ilusiones. Perseguiré algo más que al
viento entre los árboles o a la inspiración en un viaje de autobús. Perseguiré
mis sueños, y eso es lo único que me importa.
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