domingo, 20 de octubre de 2013

Hasta siempre, supongo.

Y es que ahora es cuando me doy cuenta de que todo es perecedero, que todo lo que viene, se va, y que lo que ayer parecía infinito, hoy ya no existe.

No sé si estar agradecida por que tu recuerdo se vaya marchitando, lentamente, igual que las hojas en otoño. Sin prisa pero sin pausa. Sólo sé que a cada paso que me alejo de ti veo nuevos horizontes, nuevas caras, y esa sensación de libertad que me recorre como cuando dejo que el viento me despeine, juegue con mi pelo y me diga de nuevo: eres libre de cambiar tu destino, es más, ese destino nunca ha existido. Yo juego contigo. Pero juego a tu favor. Igual que el tiempo. 

Ahora, a cada paso que doy, tal y como un buen amigo me dijo, sin prisa pero con pies de plomo; a cada pequeño pasito que avanzo, veo cómo la vida me devuelve esa mágica sensación de sentirme libre, viva y feliz de nuevo.

¿Y qué más da si recorro este camino sola o acompañada? Todo lo que tengo que hacer es recorrerlo. Y seguir caminando.

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