Una
fina lluvia regaba las calles de Saint Peters mientras la luna llena brillaba descarada
en el cielo. Arriba, en la ventana, lo único que Jane Postmourth deseaba era
que el frío viento nocturno le azotara la cara, la despertara de ese mal sueño
que había sido su vida durante los últimos años. Pero por más que Jane lo
deseara y lo rogara mirando al oscuro cielo, la noche tenía esa calma que tan
sólo parece preceder a la tormenta... a las malas noticias.
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